miércoles 12 de marzo de 2008

La religión y la razón

Hoy, mientras venía a casa, escuché en la radio uno de los tantos Mensajes a la Conciencia del Hermano Pablo, que he escuchado una que otra vez desde que tengo memoria.

Por cierto, me he enterado que el Hermano Pablo, debido a su avanzada edad, ya no produce personalmente este espacio religioso sino que se lo ha encargado a un miembro de su fundación.

A lo que iba, durante la emisión del programa radial, se relataba la siguiente historia:
El señor Chester Shuler hacía un largo viaje por ferrocarril. Sentado solo, en el asiento frente a él, iba un pequeño niño de unos cinco años de edad. El aspecto tranquilo y sereno del niño indicaba cierta seguridad y confianza no muy común en un niño de esa edad que viaja solo. El señor Shuler se inclinó hacia el niño para conversar con él.

—¿Viajas solo, hijo?

—En este coche voy solo —contestó el niño con aplomo.

—¿Y no te da miedo viajar solo?

Los ojos del niño se abrieron con viveza, y con una sonrisa en los labios contestó:

—¿Miedo? No, señor. No tengo miedo.

—Te felicito por tener tanto valor —le dijo el señor Shuler—, pero a veces el tren se descarrila o choca. ¿No te da eso miedo?

El niño se mostró impaciente y, sin esconder su inquietud, se acercó al señor Shuler y le respondió al oído:

—Nada puede hacerme daño mientras viajo en este tren, señor. El conductor es mi papá.

¡Cuántas veces no nos habremos sentido solos en el tren de la vida! Temores e incertidumbres nos han invadido el corazón. Hemos vivido llenos de sobresalto y desconfianza. ¿Quién sabe si hasta hemos pensado tirarnos del tren? ¿Cuántos no se han suicidado ante la confusión de la vida? ¿De dónde viene esa desconfianza? Viene por no saber cómo conducir el tren de nuestra vida.

Es fácil perder la fe cuando nosotros mismos somos nuestro propio dios. Decimos: «Yo tomaré las decisiones en mi vida. Yo veré qué es lo que quiero hacer. Yo determinaré mi presente y mi futuro. Yo cuidaré de mí mismo.» ¿Y qué ocurre? Nuestra vida se convierte en una sola masa de confusión.

Comprendamos que no somos capaces de dirigir nuestra propia vida. Podremos por un tiempo pretender conducirla por el camino del bien, pero dos cosas ocurren: nos cansamos de tomar todas las decisiones y, cuando vemos que nuestras decisiones fallan, nos desanimamos y abandonamos el timón de nuestra vida. Es por eso que tantos se dan al alcohol y a las drogas, a la vida licenciosa y al descuido moral.

El único que nos puede dirigir de victoria en victoria es Jesucristo. Él sabe lo que necesitamos y advierte los peligros del camino.

El niño del tren se sentía seguro porque su padre era el conductor. Nosotros también podemos viajar confiados si Cristo es nuestro conductor. Invitémoslo a ser el guía de nuestra vida. Él sólo espera que le hagamos la invitación.


Después de reflexionar sobre lo escuchado, sobretodo en la conclusión que se nos ofrece, quiero compartir con ustedes algo que me parece bastante peculiar.

Notarán que se trata de desacreditar a las personas que tratan de tomar las riendas de su vida, que quieren valerse por sí mismos y dejar de ser la "carga" de alguien más. Según este mensaje a la conciencia, las personas que tratamos de hacerlo terminamos entre aquellos a los que "nuestra vida se convierte en una sola masa de confusión".

Pero si damos una rápida lectura al libro del Génesis en el Antiguo Testamento, veremos que Dios al crearnos lo hizo para que seamos libres, libres para escoger nuestro propio destino.

¿No es, entonces, que aquellos que tratamos de conducir nuestras vidas, hacemos aquello para lo que Dios nos ha creado? No entiendo entonces, cuál es el descrédito que puede tener alguien que persigue el camino que Dios le ha dado.

"Compredemos que no somos capaces de dirigir nuesta propia vida". ¿Es eso verdad o es la simple conclusión de la flojera que nos domina para engañarnos y evitar llegar a ser los seres humanos que debemos ser incluidas las responsabilidades que eso conlleva?

Si Dios, en el momento de la creación, nos dio el regalo de la libertad, ¿no creen que lo hizo porque sabe que somos perfectamente capaces de gobernar nuestras propias vidas o piensan que Dios, a quien muchos cristianos suelen llamar Padre, es tan irresponsable que nos dio la libertad a sabiendas que no seríamos capaces de lidiar con semejante regalo?

El niño se siente seguro porque su papá conduce el tren y eso está bien porque es niño; pero cuando el niño sea adulto, le tocará a él "conducir el tren".

De la misma manera, ¿prefieren engañarse y creer ciegamente que si uno se encomienda a Cristo para que conduzca su vida crecerá y madurará en su vida y en su fe, o prefieren conducir su propia vida basándose en las enseñanzas de Cristo?

Aunque les parezca lo mismo no es igual. La diferencia es clara: en la primera opción uno se deja estar, mientras que en la segunda uno actúa.

Muchos dicen que la razón y la religión están en oposición; pero yo pienso que más bien la razón ayuda a la religión a complementarse.

Ustedes amigos lectores, ¿qué opinan?

domingo 16 de septiembre de 2007

La lógica de lo ilógico

En mi anterior relato les conté acerca de un seminario taller sobre el tema de relaciones interpersonales que dictaron el gerente general y el gerente de desarrollo de personal de la empresa en la que trabajaba en esa ocasión.

Durante una de las sesiones en la que discutíamos la mejor manera de atender a un cliente cuando éste llama enojado por alguna falla en el servicio brindado, el gerente de desarrollo de personal exponía que si el cliente llamaba enojado y debido a ello gritaba, simplemente deberíamos dejarlo gritar y escuchar sus gritos hasta que se calme y luego empezar a atender el problema.

Decía esto porque, de acuerdo con su experiencia, cuando una persona está verdaderamente enojada cualquier cosa que se le diga puede empeorar la situación y es mejor esperar a que se desahogue para luego, cuando esté ya más tranquilo, hacerle las preguntas respectivas para brindarle la atención que necesita.

Ese argumento a mi no me convenció en ese momento, y hoy tampoco me convence ya que pienso que si uno es el responsable del objeto del reclamo está bien que nos griten, después de todo uno fue el que "metió la pata". Pero si uno está en esa situación circunstancialmente, simplemente porque uno tuvo la buena/mala suerte de ser el que contestó la llamada del cliente, entonces, pienso, que no está bien aguantar gritos gratuitamente.

Así que pedí la palabra y dije:

"Sr. Z, en los años en los que me ha tocado atender directamente reclamos de clientes, a mi me ha funcionado siempre otro tipo de acción: como es de esperarse el cliente llama molesto y grita, y justo en el momento en el que hace la pausa para tomar aire le digo, con una voz átona y carente de emoción, que si fuera tan amable de decirme cuál es la naturaleza del problema que sin esa información no tengo la información vital para poder ayudarlo. En el peor de los casos no he repetido más de dos veces lo mismo y el cliente ha accedido a darme los datos sin tener que esperar a que acabe de gritar a diestra y siniestra"

"Y esto es lógico porque estos episodios normalmente se dan cuando se trata de urgencias o cuando el problema se da en un servicio vital para el cliente y por más que una persona grite o esté enojada, si alguien le dice lo que yo, se va a dar cuenta que si sigue gritando sin ton ni son el problema continuará y no se solucionará hasta que deje de gritar y colabore con el representante de servicio al que ha llamado".

Grande fue mi sorpresa cuando el gerente de desarrollo de personal enérgicamente respondió:

"No lo creo porque las reacciones dependen de las personas. Por ejemplo, si yo hubiera sido el que llamó y tu me hubieras atendido, te hubiera contestado que no me importa, que ahora te calles y escuches lo que tengo que decirte y continuaría gritando lo pésimo que son y lo mal que me brindan su servicio".

Por una fracción de segundo pensé responder, indicarle lo ilógico del perfil de su respuesta, que nadie en su sano juicio preferiría seguir perdiendo el tiempo gritando antes que empezar a dar los pasos hacia la solución del problema, que ese manera de comportarse en esa situación es la de alguien que utiliza a sus emociones para pensar y a su mente para sentir, de alguien que está completamente desequilibrado (tomando al ser humano como un todo y no simplemente haciendo referencia a la psiquis), que era una tontería actuar así, que no era posible que él siendo gerente de desarrollo de personal de una prestigiosa empresa de tecnología actuase de esa manera en una situación similar, que eso hablaba mal de él y de su relación para con los demás; pero no pude, o no quise, o no pude y tampoco quise...

...después de todo con toda la explicación que di todos en el taller deben haber pensado lo mismo que yo, menos él, porque siguió dictando el curso como si nada hubiera pasado....

sábado 15 de septiembre de 2007

Congruencia entre lo dicho y lo hecho

Mientras trabajaba en esa empresa de tecnología que les mencioné en uno de los artículos pasados, el Gerente General de la empresa y el Gerente de Desarrollo de Personal, me invitaron a participar, junto con otros empleados más, de un Seminario Taller de Relaciones Interpersonales.

Éste era un taller que hacía bastante hincapié en la manera como se debe tratar con los clientes, internos y externos, y tratar situaciones tensas o de conflicto originadas por problemas en el servicio que se le brinda a dichos clientes. La razón principal de brindar este taller era/es porque la empresa gana dinero justamente brindando servicios.

El taller lo dictaron ambos gerentes, pero principalmente el de desarrollo de personal, y recuerdo que nos repitieron hasta el cansancio que primero tiene que escucharse al cliente, así esté gritando, quejándose agriamente o lo que fuere, para poder dar con el origen de la situación que se tiene entre manos y poder facilitarle la solución lo más pronto posible.

En vano traté de exponer otro curso de acción diferente al de meramente dejarse gritar, pero fue inútil, el gerente de desarollo de personal se cerró en sus trece con un argumento por demás infantil --de esto escribiré en otra ocasión-- con el que "justificó" que mi solución no era la apropiada y jamás lo sería.

Pués bien, en el tercer trimestre del año en el que recibimos esta capacitación, llegó a mis manos, por pura casualidad he de decirlo, el listado de los diferentes cargos que había al interior de la empresa y así pude constatar que debido a los perfiles allí descritos el cargo que me habían asignado y que estaba impreso en cada una de mis boletas de pago, no correspondía no solamente con lo que yo hacía, sino que tampoco lo hacía con mi línea de carrera dentro de la empresa.

Comenté este asunto con el gerente de desarrollo de personal y él estuvo de acuerdo conmigo que mi cargo debería ser cambiado y que él se encargaría del asunto. Bueno eso fue lo que le entendí.

Pués bien, llegó el nuevo año y nada, tanto las boletas de Noviembre como de Diciembre del año anterior seguían apareciendo con el cargo antiguo, así que le envié el siguiente mensaje al gerente en cuestión (aún tengo los mensajes de esos días bien guardados en mi computadora):

Hace unos meses atrás le comenté acerca de mi rol que aparece en mi boleta de pago como Soporte de Servicios. Luego de conversar con usted me indicó que había sido un error en algún lado en la corporación pero que ya había sido corregido para que aparezca el rol adecuado de Soporte de Sistemas. Sin embargo, puedo ver que en las boletas de Noviembre y Diciembre, sigue apareciendo el rol de Soporte de Servicios.

¿Por cuánto tiempo más será así?

A lo que el "señor" gerente contestó:
Xavier, no fue esa mi respuesta, además considero irrespetuosa tu nota.

cc: file personal

¿Irrespetuosa?. ¿Perdón?

A ver, alguien que me diga o me muestre cómo es que mi mensaje/nota puede ser catalogada de irrespetuosa.

No encontré una explicación lógica a la respuesta del gerente de desarrollo de personal, sobretodo porque, en esta situación, yo estaba desempeñando el rol de cliente (interno, pero cliente al fin y al cabo) y él asumía el rol de representante de servicio y, según el taller que dictó meses atrás, debería escuchar atentamente para encontrar el motivo de mi queja y buscar la mejor forma de solucionarla.

Estaba tan molesto que estuve a punto de "mandarlo a rodar", pero me recomendaron sabiamente que era mejor no pelearme con este señor porque para los ascensos al interior de la empresa no primaba, como debería ser, el desempeño en el cumplimiento de las funciones del trabajo encargado, pero si estar en buenas relaciones y "caerle bien" a quienes recomiendan los ascensos aún cuando tuvieras que apoyarlos a sabiendas que lo que se está haciendo está mal. Debido a ello le respondí:
> Xavier, no fue esa mi respuesta,

Podría entonces, por favor, hacerme recordar lo que me dijo... yo entendí que ya se había solucionado esto atendiendo el argumento que le hice al respecto.

> además considero irrespetuosa tu nota.

¿por qué? Solamente pregunto algo que me pareció había sido zanjado de acuerdo a lo que entendí de su respuesta.

Luego de re-leer mi nota por tres veces, creo entender el motivo por el cual usted dice que soy irrespetuoso. Usted piensa que yo usé un tono particular al hacer mi pregunta final.

Y la verdad que no es así.

Lo que sucede es que este medio, el correo electrónico, es un medio en el que no se puede representar facilmente las emociones como lo es el lenguaje hablado. Y entonces muchas veces tendemos a colocar carga emotiva en las cosas que leemos cuando el autor no le pone el mismo peso que el que le pone el lector.

Si usted piensa que he querido incluir un carga de reclamo desmedido o airado sobre mi última pregunta pués le digo que no es así. En todo caso, me disculpo con usted por haber hecho mi pregunta en una fórmula que usualmente se usa para hacer reclamos airados y que usted entendiera algo que no es.

Recíprocamente pienso que usted debería aclararme lo que yo entendí mal de su respuesta.
Y eso se lo digo con todo respeto.

¿Qué puedo decir? Luego de esto se armó un tumulto, incluyendo la intervención del Gerente General preguntándole al Gerente del Proyecto en el cual estaba destacado cuáles eran mis roles y responsabilidades y otras cosas más, todo un laberinto para que al final me dieran la razón y cambiaran el título de mi cargo dentro de la empresa.

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Por cierto "este gerente de desarrollo de personal", nunca me contestó explicándome que fue lo que entendí mal de su respuesta inicial y hasta hoy, aún cuando ya no laboro en esa empresa, sigo esperando su explicación a ver si con eso se reivindica y aprendo por fin, como es que uno demuestre ser congruente entre lo que dice que uno debe hacer ante un cliente y lo que en realidad se hace con él.

martes 11 de septiembre de 2007

Acostumbrados a que nos den "gato por liebre"

Unos años atrás fuimos a almorzar a "El Patio", un conocido restaurante de San Isidro, para agazajar a uno de los compañeros de trabajo por su onomástico. Nos trasladamos caminando conversando jovialmente unos con otros hasta llegar al local en el que ya tenían preparada una gran mesa cuidadosamente arreglada.

Nos sentamos y los mozos tomaron los pedidos de cada quien. Revisé la carta y me apeteció comer un buen Pescado a la chorrillana. Grande fue mi sorpresa cuando vino el mozo y puso delante de mi un pescado frito con cebollas cortadas en juliana gruesa (como en un escabeche) y todo con una jugo/salsa de color amarillo encendido y unos cuantos pedacitos de tomates salteaditos de aquí para allá.

--Perdón-- le dije al mozo --¿esto qué es?--

--Pescado a la chorrillana señor-- respondió solícito el mozo

--Perdón otra vez, pero esto no es pescado a la chorrillana. ¿Dónde está el tomate y el culantro?-- respondí asombrado

--Señor, este es el plato, es el pescado a la chorrillana que usted pidió-- Insistió el mozo algo fastidiado por la situación.

--No señor-- respondí yo empezando a molestarme --esto no es pescado a la chorrillana, esto es un escabeche de pescado--

Como la cosa iba ya a mayores, el mozo decidió llamar al cocinero el cual muy solícito me preguntó --¿algún problema señor?--

--Pués claro: pedí pescado a la chorrillana y me sirven pescado encebollado--

--Señor, ese es el pescado a la chorrillana--

--Oiga señor-- furibundo --soy de Chorrillos-- mentira, alguna vez habré estado en Chorrillos pero ni siquiera vivo cerca, pero lo agregué para darle fuerza y dramatismo a mis palabras --y usted no me va a venir a decir a mi que asi se prepara el pescado a la chorrillana--

--Es que así preparamos pescado a la chorrillana en este restaurante-- replicó automáticamente el cocinero ya bastante fastidiado e incómodo por la situación. Y no iba a ser si tenía veintitantos pares de ojos correspondientes con los veintitantos compañeros de trabajo que asistieron al almuerzo puestos encima de él y que, por cierto, yo había olvidado que estaban allí con nosotros.

--No se lo acepto señor, esto no es pescado a la chorrillana, no lo pienso comer, cámbienlo por otra cosa-- gruñí ya completamente mortificado. Y es que no niego que cada quien pueda, y está en todo su derecho de hacerlo, preparar una versión personal de un plato de comida, pero si así lo hace, no sería también propio que lo indicaran en la carta... algo así como "Pescado a la chorrillana estilo El Patio" ??? Entonces uno ya sabría a que atenerse, ¿no?

Al final comí un filete de cojinova en salsa de champignones que por cierto si estaba bien preparado.

De allí en adelante, mis compañeros, por largo tiempo, no escatimaban ocasión para lanzarme sus puyas: "Hey Xavier, vamos a comer pescado a la chorrillana en El Patio?" o "Si vamos con Xavier a comer pescado a la chorrillana seguro que comemos gratis".

Y es que estamos tan acostumbrados a consumir servicios brindados de manera mediocre que es raro que alguien reclame por algo que no esté de acuerdo a lo solicitado.

Hoy es común que si un señor le reclama al chofer o al cobrador de algún medio de transporte público el porque maneja sin cuidado y a gran velocidad muchísimo más allá de lo permitido, éstos le contesten con un lisonjero "Calla viejo de mierda" y que las demás personas que van en el vehiculo agreguen "Si, calla que queremos llegar rápido a la chamba". El señor preocupado por la seguridad de todos y los demás tan agradecidos como ellos solos.

Si no me creen, pueden ir a cualquier restaurante de Lima y donde vean que sirven ají de gallina, pídanlo. En el 99% de los casos les servirán ají de pollo y también en el 99% de los casos el comensal no dirá nada y simplemente se comerá el pollo que le dijeron que era gallina.

Tan acostumbrados estamos que, luego de los funestos sucesos del reciente terremoto que asotó el departamento de Ica, hasta Telefónica nos quiere dar "gato por liebre" haciéndonos creer que sus redes estaban en perfecto estado y que las comunicaciones nunca colapsaron. Pero que otra cosa pueden decir, lo otro sería aceptar que venden más de lo que pueden soportar sus redes de comunicaciones y eso no lo van a decir públicamente nunca.

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Demás está decir que yo a El Patio no he vuelto a ir....

domingo 9 de septiembre de 2007

Recién hablamos cuando las cosas le pasan a uno

Trabajé por cinco años en una conocida empresa de tecnología, empresa que le brinda servicios de outsourcing en tecnologías de información y comunicaciones a una empresa del sector productivo del país.

El primer año que fui asignado a este servicio, teníamos dos ambientes con varias oficinas en un mismo piso y cada ambiente contaba con una pequeña cocinita (en realidad solamente había un lavadero, reposteros, cafetera y un horno de microondas) que la mayoría de nosotros la usábamos para preparnos café o calentar nuestro almuerzo.

Un día de tantos, había yo dejado ya varios días atrás mi taza, luego de lavarla, en el escurridor de platos de la cocinita que estaba en el ambiente en el que yo trabajaba, cuando decidí que tenía ganas de tomar café. Fui a buscar mi taza y no la hallé por ningún lado.

Pensé que tal vez alguno de mis compañeros la habría tomado y la estuviera usando, pero luego de pasearme por todo el ambiente (más o menos 20 escritorios) no la encontré y nadie sabía darme razón del paradero de la bendita taza.

Fui al otro ambiente que ocupabamos en el piso y, para mi alivio y sorpresa encontré la taza en el escurridor de platos de la cocinita de ese ambiente. Recogí la taza, fui a mi escritorio, me senté a la computadora, abrí el cliente de correo electrónico y escribí un mensaje a todos mis compañeros de trabajo (incluidos nuestros jefes por supuesto) con el tenor siguiente:

Compañeros, quisiera saber quién cojió mi taza, es la única que tiene el logo de Pacífico Seguros, está bien que si necesitan una taza, cojan la que encuentren disponible incluyendo la mía, y me parece muy bien que incluso la hayan lavado luego de utilizarla; pero lo que si reclamo es que no la hayan dejado en su sitio, eso no está bien es una falta de respeto.
Debido a mi mensaje se suscitaron varios más, algunos reclamándome que porque les enviaba el mensaje si ellos tenían su propia taza. Como si uno fuera adivino para saber quién tiene o no tiene taza y quien usa alguna de las que hay en las cocinitas.

Demás está decir que por más que intenté explicar que si yo no me dirigía a todos para que tomásemos conciencia y al ver algo que afecta a otro negativamente nos solidarizaramos para evitar que ese tipo de comportamiento prevaleciera, fue inútil. Al final yo fui aquel al que le gusta hacer tempestades en un vaso de agua y por mucho tiempo me decían bromeando: "Hey Xavier, por si acaso yo no he cogido tu taza". Y en todo ese tiempo, ninguno de los jefes de área ni el gerente del proyecto opinó nada al respecto.

En fin.

Ya casi había olvidado este episodio; pero hace unos días, ya luego de dejar ese trabajo, fui a visitar a mis antiguos compañeros de trabajo, cuando escucho a mi ex-gerente decir: "Saben, no se donde estará mi taza, se me ha perdido". Inmediatamente me acordé y parece que él también porque al ver la expresión de mi rostro cambió inmediatamente el tema de la conversación.

¿Es la pobreza o es la falta de educación?

Esto sucedió hace un buen tiempo, eran algo más de las 11pm y uno de mis hermanos y yo salíamos caminando del Blockbuster de Dos de Mayo (San Isidro), él con las dos películas que alquilamos y yo comiendo un helado, cuando nos cruzamos con un niño, de entre 8 y 10 años, que vendía chocolates. Levanté la vista y después de girar un par de veces la cabeza pude ver a la madre a la distancia mirando espectante la escena.

Miré al niño nuevamente quién se interpuso en nuestro camino diciendo --comprame un olé-olé pe--, lo miré por un instante y le respondí que no.

Ya peee, sino, invítame tu helado-- insistió.

Mira-- le dije --son más de las once de la noche, hace frío y tu estás acá parado toda la noche. Eso te va a hacer daño--

Pero no, yo ya he comido antes--

Ah, entonces como ya comiste antes, ¿para qué me pides ahora?-- concluí.

Impotente el muchacho maldijo a viva voz mientras seguíamos nuestro camino y ante la mirada displicente de la madre que se había ido acercando durante la "conversación" --¡Qué te atragantes!--

Sonriendo para mi mismo, respondí, no sin un dejo de ironía, mientras volteaba para mirar fijamente a la madre --Muchas gracias por los buenos deseos-- para luego seguir mi camino junto a mi hermano.


Somos latinos y entiendo que seamos sensibles e incluso hasta sentimentales, justamente sentir emociones nos hace humanos, pero que quieran utilizar eso, a expensas de inocentes, para sacar provecho me da coraje.

Primero la madre utiliza al hijo para aprovechar la sensibilidad del transeunte y vender más golosinas. Esto podría ser algo común si es que nos fijamos en las numerosas campañas publicitarias que aprovecha la sensibilidad humana para vender; pero en este caso tendríamos que mirar un poco más allá y para ello habría que responder a este par de preguntas: ¿quién es el responsable de conseguir los medios de subsistencia en una familia? ¿qué se supone que debería estar haciendo el niño en esos momentos en lugar de andar en la calle vendiendo golosinas?

Se que muchos pensarán que cuando la situación de pobreza es tal todos los miembros de la familia buscan como colaborar en su subsistencia, les concedo el argumento pero solamente a medias: ¿No son acaso los futuros padres los que decidieron unirse y formar la familia y si la formaron, no son acaso ellos los responsables de la subsistencia de lo que formaron? ¿No son acaso los padres los que decidieron tener hijos con lo cual obtuvieron la responsabilidad de ellos?

Otros más dirán que en los ambientes en situaciones de pobreza donde también se puede encontrar un bajísimo nivel cultural y educativo, las personas no deciden sino más bien hacen las cosas sin pensar y terminan teniendo muchas veces familias numerosas. Pero eso no los hace menos responsables de sus hijos ni por la subsistencia de sus familias ¿no?

Personalmente pienso que la madre del niño la responsabilidad se la pasa por las narices. ¿Cómo lo se? Simplemente porque la responsabilidad de los hijos no solamente se da por su subsistencia sino también por su educación y la grandilocuente frase final del niño no tenía nada de educada y si bastante de revanchismo.

Y es que en nuestro país, hay una gran cantidad de gente postergada, que en lugar de hacer algo para salir adelante por ellos mismos, prefieren echarle la culpa y soñar con venganzas futuras contra aquellos que están en mejor situación. El problema es que no se dan cuenta que están postergados por culpa de ellos mismos... pero de eso escribiré en otra ocasión.

Segundo, el niño a esas horas debería estar en casa descansando para asistir al colegio al día siguiente. Aún cuando no asistiera al colegio, para lo cual no encuentro razón ya que hay colegios estatales que no cobran un centavo, un niño de esa edad debería estar durmiendo y no en la calle pasando frío.

Puede ser que el niño de buena voluntad y viendo la situación en la que está su familia haya querido contribuir con su subsistencia ayudando a su mamá a vender golosinas. Lo dudo. Si fuera así, la madre se hubiera acercado y hubiera ofrecido también los productos que ella tenía, ya que su hijo estaría allí ayudándole no supliéndola. Es decir, la madre está abusando del hijo haciendo que él haga su trabajo y cargue con su responsabilidad.

Tercero, el niño está recibiendo un pésimo ejemplo por parte de su madre: está aprendiendo que está bien abusar de los más débiles y aprovecharse de ellos para conseguir cosas para uno mismo. Que bueno fuera si esta situación terminase allí, pero lo que va a pasar es que este niño va a crecer y en su momento repetirá lo mismo con sus hijos. Y se repetirá de generación en generación.

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Muchos se preguntan ¿por qué el Perú está jodido, por qué si tenemos de todo no somos capaces de salir del hueco en el que estamos, por qué siempre hay un futuro promisorio que nunca llega a concretarse? Pués aquí les he mostrado un pequeño granito de arena que impide nuestro desarrollo. Granito de arena que se repite exactamente en todo lado donde vean a un niño vendiendo golosinas o pidiendo limosnas mientras que los padres, "bien, gracias", espectantes, cual gavilanes, metros más allá ansiando echar mano al botín "recaudado por sus hijos" de los ocasionales transeuntes.